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Asamblea 

en Venezuela

 



Según lo acordado en la reunión del consejo y de priores locales, la asamblea de la vicaría tuvo lugar del 6 al 10 de octubre, en Ocumare de la Costa de Oro, Aragua. Gracias a Dios y a los oportunos enlaces, a sólo ocho días de la fecha encontramos una casa perteneciente a los padres jesuitas. Nos pareció adecuada, a pesar de que sólo se nos proporcionaban la vajilla y los enseres de cocina. El lunes 6 de octubre todo el mundo se puso en camino. Del Táchira acudieron los padres Casiano Martínez, César Rosales, José Antonio Grimán, Alcides Vásquez, Antonio Martínez y Jaime Ruiz; de paso, recogieron al padre Fernando Torrecilla, en Barquisimeto; los padres Jaime Quijano, Justo Rioja y José Luis Alonso, de Maracaibo, y los padres Santiago Domínguez, Carlos Alonso y Arnovio Galavís, de Maracay. De Caracas participaron los padres José Luis Uruñuela, José Luis San Millán, Jairo Servitá, Lucilo Echazarreta, Javier Tello, Martín Larráinzar, Ismael Ojeda y el hermano Luis Alberca. 

Las camionetas de San Agustín y Las Mercedes y el carrito de Cristo Rey cargaron con los víveres, los corotos de las técnicas de comunicación, algunos bártulos y peroles para la recreación, aseo personal y comunitario, sin olvidar los útiles dignos para las celebraciones litúrgicas. Prácticamente salíamos de campamento. El padre José Luis Uruñuela se las arregló para que contáramos con los servicios de la señora Consuelo, empleada de San Agustín y experta en el arte culinario. Los cuarenta kilómetros de curvas a través del Parque Nacional Henry Pittier hasta la bahía de Ocumare hicieron que nos juntáramos por el camino los que habíamos partido desde Caracas por separado. Al cruzar el pueblo, pasamos por la plaza mayor, frente a la iglesia donde ministró por algún tiempo el padre Ángel La Torre. 

Pasado el mediodía, llegábamos a la popularmente conocida como la "Casa de los curas", situada al final del malecón y asomada al mar, que fue construida por Juan Vicente Gómez para su uso personal y después donada. El padre Jesús Arancón nos asegura que Juan Vicente disfrutó con las amenas tertulias del padre Ángel. Sin embargó, no dejó su casita de playa a los Recoletos sino a los Jesuitas, a tenor de los hechos. Habrá que repasar la historia, por si acaso. A las 14.00 horas degustamos el almuerzo los religiosos de las tres comunidades de Caracas. Por la tarde se hicieron presentes los demás religiosos. Después de la cena, en el comedor transformado en sala de reuniones, elaboramos el horario para el encuentro. Se acordó empezar la jornada con laudes, oficio de lectura y oración; trabajar por la mañana después del desayuno hasta las 11.30 horas; y dejar la tarde libre hasta el rezo de vísperas y la celebración eucarística, a partir de las 19.00 horas. Con la tertulia de sobremesa, finalizó el primer día. Y entre los resplandores de la luna llena y el ruído incesante del mar transcurrió la primera noche.

La oración de la mañana, acunada por las olas del mar; el desayuno, variado y sabroso: no podía faltar la arepita recién salida del horno. A continuación, la primera reunión. El padre Ismael dio la bienvenida y dirigió unas palabras de motivación. El padre Javier expuso la metodología para los trabajos. El primer tema: búsqueda de los retos planteados a nuestras comunidades, elaboración de los mismos, y exposición de éstos en asamblea de hermanos. El resto del día, para la convivencia y el esparcimiento. Con el caer del sol, los frailes se aprestan para la oración de la tarde. Preside la eucaristía y el rezo de vísperas el benjamín del grupo, padre Jairo. A la cena sigue la sobremesa en el porche de la casa, hasta donde salpican las olas más atrevidas. El consejo se reúne al final del día para evaluar la jornada y preparar el trabajo de la siguiente.

Segundo día: el trabajo se centró en elegir un solo reto para cada secretariado. No resultó fácil. Al término de la mañana, se acordó reunión por comisiones después de la cena. La tarde fue aprovechada por los religiosos en sus distracciones preferidas. Con la caída del sol, los frailes al convento. Presidió la celebración vespertina el padre Arnovio. Ofrecimos la misa por el padre Luis Contreras. 

El tercer día se desarrolló dentro de la misma dinámica. Fue el momento de las decisiones y de la programación. El trabajo final consistió en sacar las conclusiones de los debates y determinar fechas y actividades para el próximo año, retomando las acordadas en la reunión de priores. Decidimos celebrar la asamblea anual de la vicaria la primera semana del mes de octubre, con el fin de hacerla coincidir con la apertura del año escolar. Las dificultades para la participación de todos no serán pequeñas; sin embargo, merece la pena el sacrificio. Por la tarde, casi la mitad de los participantes se trasladó en barca a la bahía de La Ciénaga -a media hora de travesía-, donde el mar parece una piscina de aguas cristalinas y, en expresión de alguno de los excursionistas, se capta la naturaleza casi en estado virgen. La celebración litúrgica vespertina, que presidió el padre vicario, rubricó la vivencia experimentada durante la asamblea. Apoyándose en el sentido de pertenencia, el padre Ismael invitó a los hermanos a renovar su consagración religiosa en el seno de las comunidades poniendo en práctica lo acordado en la asamblea. Al día siguiente, levantamos el campamento, y partimos en dos direcciones: unos hacia Barquisimeto; otros, hacia Maracay, donde la vicaría nos sirvió una sabrosa paella, con lo que se prolongó un poco más la convivencia de la asamblea.

Ha sido una experiencia muy grata. La asamblea ha resultado especial por armonizar estudio y esparcimiento; por estar alojados y desenvolvernos en un ambiente de playa, donde siete religiosos tuvieron que compartir habitación; por contar con una casa que ofrecía los servicios básicos, pero exigía cierta desinstalación de nuestras seguridades y comodidades. Mas todas estas penurias fueron superadas con creces por la acogida fraterna, la espontaneidad, la servicialidad. Muchos hermanos destacaron por su interés en las tareas comunes, y todos colaboraron en crear y fomentar un ambiente agradable donde experimentamos cuán bueno es vivir los hermanos unidos. 

P. Ismael Ojeda. 

 


 

 

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