La
historia del monasterio de Yuso, en San Millán de la
Cogolla, está trufada de sobresaltos que resultaron ser
expulsiones de las comunidades religiosas que lo habitaban y
que, hasta la fecha, ha tenido como último hito más
notable la declaración, conjuntamente con el otro
monasterio, el de Suso, como Patrimonio de la Humanidad;
declaración realizada por la Unesco en diciembre de 1997.
El 18 de agosto de 1809, el rey intruso José Bonaparte, en
plena Guerra de la Independencia, dictó un decreto por el
que quedaban suprimidas todas las comunidades religiosas.
pasando sus bienes, edificios y posesiones a la hacienda
real. Ello supuso que la comunidad benedictina que habitaba
San Millán abandonase el monasterio el 10 de octubre de ese
año. Los monjes, en un alarde de perspicacia guardaron en
lugar seguro, un mes antes de su marcha, los restos de San
Felices y San Millán.
Durante el trienio liberal (1820-1823) se produce la segunda
salida forzada de los benedictinos del monasterio. Será en
1820, permaneciendo fuera hasta el 27 de julio de 1823,
cuando la Santa Alianza envía a España a los 'Cien mil
hijos de San Luis', que restituyen el poder absoluto al rey
Fernando VII.
La tercera salida tiene como detonante la desamortización
de Mendizabal, se produce el 29 de noviembre de 1835 y los
benedictinos ya no volverán jamás. Entre junio de 1866 y
octubre de 1868 se instalaron los franciscanos y diez años
más tarde los agustinos recoletos que aún lo regentan.
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