El prior de la comunidad de
agustinos recoletos que regenta y habita el monasterio de
Yuso, Juan Ángel Nieto, está plenamente convencido de que
«el monasterio nunca se quedará vacío, al menos por culpa
de nuestra congregación», a pesar de que reconoce, con
cierto dolor, que el proceso vocacional «ahora está en
horas bajas» y se nutre, de manera fundamental «de jóvenes
procedentes de Perú o Venezuela, donde tenemos implantación».
Nieto, buen conocedor de los entresijos de su comunidad y de
su historia, recuerda que la llegada de sus predecesores,
hace un siglo y cuarto, tuvo como principal motivo la
formación de misioneros para enviar a Filipinas, «donde el
general Morienes, que había sido nombrado gobernador
militar, se dio cuenta de la necesidad de que el elemento
misionero hiciese de apaciguador de los movimientos rebeldes».
El padre Toribio Minguella, que era comisario de la orden en
Madrid, aceptó la propuesta de ocupar el monasterio
emilianense y dedicarlo a la formación de futuros
misioneros. «Más tarde -rememora Nieto-, con la apertura
de colegios en Logroño, Salamanca y Monteagudo, el
monasterio dejó de ocuparse de la labor formativa». Ello
trajo consigo el comienzo del descenso de ocupación hasta
los nueve monjes actuales
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